26 jul. 2016

Dry


Hoy quise llorar
pero estaba seco por dentro.
Tan seco como
una esponja abandonada al sol,
un mar evaporado,
como un desierto.

Tan seco que pensé:
Que así abriera mi piel
con un hacha, como si fuera árbol,
no saldría de mi corteza
ni savia, ni sangre, ni agua salada.

Pero hoy quise
y de la nada
se puso a llover.

19 jul. 2016

Bajo los pies (completo)


13 de Julio
Después del almuerzo hemos ido a la droguería por unos helados. En la nevera había paletas de agua, helados caseros, conos de crema y galleta, chupetas de muchos colores, y unos con juguete incluido. Yo elegí uno de vainilla y frutos rojos con cubierta de chocolate. Papá cogió lo primero que tuvo a la mano que fue una paleta de limón, la peor elección de todas. Tomamos los helados y salimos a la calle, pero a la media cuadra nos devolvimos porque se le olvidó pagar.
Estuvo un poco distraído el día entero, de pronto por el enorme plato de lentejas, arroz, plátano frito y doble porción de cerdo que pidió en el restaurante de la esquina. Hacerse ese daño a medio día es suicida, quedas como idiota. O tal vez estaba preocupado por alguna cosa del trabajo y no quería decirme, lo que para elementos prácticos es lo mismo. Su vista estaba perdida, andaba a paso lento y no hablaba nada. Pagó los helados como por inercia, volvimos a salir y nos sentamos sobre las raíces del árbol frente a la casa. Pudo haber sido un camión volcado, una vía estancada, o tal vez se perdió algún cargamento. Da igual, no entiendo por qué se preocupa tanto.
El sol derritió el helado de vainilla e hizo que la cubierta de chocolate se quebrara y se resbalase por mis dedos. Papá, aún ausente, se manchó la camisa de verde. — Si ves a una persona de más de cuarenta años al medio día, y no tiene la camisa manchada, es que aún no ha almorzado —suele decir cuando está de buen humor. Las ciclas pasaron por la calle el resto del día y los niños gritaron bajo el terrible calor del domingo. Este día todo fue bonito y triste, porque era el último, en la mañana volamos de nuevo.
Nostalgia pura.

15 de Julio
Este es el tercer cambio de colegio y el segundo de ciudad en dos años. Nana dice que es por seguridad, pero ella no logra entender lo fastidioso que es para mí. — Mírale el lado positivo, Danna, cada vez que se llega a un lugar nuevo, con gente nueva, es una oportunidad para reinventarse, para dejar atrás esas vergüenzas que de otra forma llevarías por años a tus espaldas. Todo cambio es bueno, porque todo cambia. Ser estático es antinatural, mija —Repetía mientras me cepillaba el pelo.
¿Cómo no conmoverse con las palabras de esa anciana? Es tan ingenua hacia la vida, como si no hubiera vivido todos esos años que tiene. Ya ni debe saber en dónde vivimos ahora.
A eso de las 6:30 llegó la ruta. El resto de muchachos andaban todos dormidos, con sus cabellos castaños y rizados, algunos tenían la boca abierta como esperando a que le metieran una bolita papel dentro. Fue una cosa muy graciosa. Le puse auriculares a mi celular y me recosté en el asiento del fondo a escuchar The Raconteurs. You look pretty in your fancy dress / But I detect unhappiness / You never speak, so I have to guess / You’re not free. Maldita música, siempre te hace evocar cosas que no debería, pero no puedes parar de escucharla.
Masoquismo.
Así como el de papá con ese maldito trabajo que nos hace mudarnos cada par de meses, que lo aleja de nosotras, del cual ni siquiera puede hablarme, quién sabe por qué carajos. Es todo como si fuese un misterio, o como si simplemente no confiara en mí. ¿Es que no soy parte también de la familia para estar al tanto de lo que pasa y de lo que no? Si yo manejara las cosas en la casa todo sería muy diferente.
No pude evitar llorar, qué patética. There, maybe when you’re old enough / You’ll realize you’re not so tough / And some days the seas get rough / And you’ll see.
Apenas había empezado a sollozar cuando sentí que alguien me quitaba los auriculares y volteé de forma brusca para ver quién era. Una chica de cabello largo y oscuro con unas enormes ojeras sentada a mi derecha, con la camisa mejor planchada y abotonada de toda la ruta. Me miraba con dos agujeros negros y la boca entreabierta.
— ¿Qué te pasa, mujer? —Me preguntó mientras se estiraba el labio inferior.
La pregunta me quebró de nuevo y lo solté.
— ¿Sabes lo que es perder a cada instante tus amigos, tus amores, tu pequeña historia; dejar tu casa, sentirte sin familia, no saber cuál es tu jodido camino?
— Tu camino… —la muchacha levantó su ceja mirando hacia otro lado, como si analizara mis palabras— ¿Sabés cuál es tu problema, niña? Que no entendés que el camino está siempre bajo los pies. Ahora, cállate y dejá dormir.
Por más extraño que parezca, y a pesar de no entenderlas, esas palabras me calmaron un poco. Así que volví a ponerme mis audífonos y cerré los ojos el resto de camino hacia la escuela.

28 de julio
Ya me voy adaptando un poco a la ciudad y a la gente. Los primeros descansos los pasé sola, revisando cosas en el celular y esperando a que sonara el timbre. Pero he venido haciéndome amiga de un grupito que se la pasa en la parte verde del patio.
Son tres, dos muchachos y una chica.
Juan David es alto, de un acento bastante marcado y una nariz enorme, un chico muy gracioso, y aunque no es tan brillante, le encanta la literatura francesa; Pacho tiene bastante barba para tener quince años, moreno y más bajo que yo, habla todo el día sobre tenis y Fórmula 1; y por último, Tania, la misma chica de la ruta, ojerosa, cabello lacio, rostro y labios pálidos, y una enorme sonrisa que usa para burlarse de medio mundo.
Aunque aún no participo mucho de ellas, sus conversaciones son interesantísimas. Al principio pensé que sólo hablaban idioteces, pero si vas poniéndole un poco más de atención, te das cuenta que se dicen mucho.
— ¿A qué sabe el polvo, Juanda? —empezó Tania.
— Sabe a olvido y otras manos.
— ¿Y el viento? —Por el entrecejo apretado parecía que lo tomaba muy en serio.
— Sabe a libertad de allá, sobre las montañas.
— ¿Entonces es casualidad que el olvido viaje en la libertad? Polvo y viento son inseparables.
— Ah, vos me pellizcás mucho cuando hablás así, Tania.
Luego Pacho soltó un— Par de maricas tan fumados, parce —y nos invitó a todos a comer empanada en la cafetería. Intercambiamos nuestros datos y números. La abuela no estaba tan loca después de todo, podría empezar a ser una Danna nueva con esta gente.

1 de agosto
    Imaginá.
    ¿?
    Explícate.
    Las explicaciones aburren, imaginá.
    Es que no te entiendo nada, ¿qué quieres que imagine?
    ¿Café o chocolate?
    Depende el clima. Aunque, podría ser chocolate.
    ¿Mariposas o cometas?
    Mariposas (sigo sin entender).
    ¿Olores o palabras?
    Olores. ¿Puedo saber de qué se trata todo esto?
    Fernando González decía: “Oler es el primer acto de amor”.
    ¿Y si fueran palabras?
    No podés ser dos tipos de persona a la vez (¿o sí?), así que quedás con la duda, ahí está el misterio y el costo de decidir. ¿Tacto o gusto?
    ¡Gusto!
    Entonces, beso.
    ¿Entonces?
    ¿Duda o mentira?
    ¡Mentira jamás!
    ¿Y si tuvieras que mentir para hacer un bien? Mirá que algunas de las cosas más bellas de la vida son mentira, y así está bien. Por ejemplo, el arte, la literatura, se basan en la mentira, pero qué feo sería el mundo sin ellas, ¿no? Todo es relativo. Sigamos, ¿día o noche?
    Esto es algo injusto, respóndeme esa pregunta tú.
    Madrugada.
    ¿Siempre hablas así, o sólo por acá? Podrías responder, ¿charla o chat?
    Charla, siempre y cuando sea con postre de maracuyá. ¿Lunes?
    ¿Me estás invitando a salir?
    Me llevás un libro.
    Jajaja. ¿Eso es pregunta o afirmación?
    Que no sea de princesas ni de policías, por favor.
    Ok. Te llevaré alguno. Pero, aclárame algo, ¿por qué haces esto?
    Nos vemos mañana, o la otra semana, o el otro mes. O tal vez nunca, o siempre. Chao.

2 de agosto
Mientras Nana terminaba de alistar la maleta de papá yo le ayudaba a él a buscar unos papeles que no encontraba, parecía realmente desesperado. Su rostro estaba a punto de estallar de ira mientras escudriñaba entre las cajas de su cuarto. Pensé que sería bueno soltarle una broma para que le bajara la rabia.
— Si sigues con ese mal genio te va a dar un paro, o te va a crecer esa calva —pero fue una pésima idea, con eso terminó de reventar y empezó a recriminarme mi actitud, según él, relajada y desinteresada frente a los problemas de la casa.
Sacó a relucir las cosas que me daba, el televisor, el celular, la tablet, la ropa, los viajes. Una canallada, si piensa que soy así y luego va a echarme todo en cara, no debería darme nada. Lo quiero, eso no se niega, pero es experto en hacerme sentir como una mierda.
— ¿Y entonces qué, me va a pegar, o me va a amenazar como a mamá? Hágale y vemos quién sale perdiendo. Un man que ni siquiera pudo evitar que su mujer lo dejara ya va a venir a intentar educar a una hija —el pequeño comedor quedó estrellado contra el estante de la sala, y luego papá se me acerco mucho al rostro y trató de decirme algo.
— Vea, culicagada. Usted…
Afortunadamente Nana se alarmó por el ruido y vino del otro cuarto metiéndose entre los dos. Le puso ambas manos en el pecho a papá y le suplicó— Por favor Ignacio, no vayamos a cometer burradas.
Papá se fue alegando cosas entre dientes, cerró la maleta que Nana aún no terminaba de alistar y se metió en la camioneta.
Yo me estaba ahogando, como si alguien me estuviera metiendo la cabeza en una alberca y no me dejara salir. Nana intentó de todo para tranquilizarme, me hizo respirar hondo, trajo agua, y luego preparó aromática para las dos. Ella siempre tan hermosa.
Cuando ya estaba más tranquila se sentó junto a mi cama y escuchó mis quejas. Siempre es bueno soltarlo todo.
— Niña, usted sabe que ese tema no se toca. Puede ser su mamá, y mi hija, pero lo que ella hizo no estuvo bien. Aunque la reacción de Ignacio, esa misma que acaba de tener con usted, no es justificable en ningún caso, Aurora fue quien nos abandonó a todos.
Tampoco termino de entender cuál es el tabú con esa historia, ¿no creen que sería mejor si me contaran bien las cosas? Quieren que entienda algo que ni siquiera conozco. Absurdo.
Nana se quedó conmigo hasta que se hizo tarde. Me acarició el rostro y me dijo— Dannita, no se deje envenenar por todo eso, usted es una niña buena, y muy bonita, como para que termine como su papá, o su mamá —. Se levantó, apagó la luz, y antes de cerrar la puerta se volvió de nuevo hacia mí, como si se le hubiera olvidado algo, pero sólo era para terminar sus consejos— Ni como nadie. ¡Sea libre, carajo! Sea usted misma —.
Después de que cerró la puerta me quedé un buen rato chateando con mis amigos y escuchando música. You’re too young to have it figured out / You think you know what you’re talking about / You think it will all work itself out / But we’ll see.
Nana tenía razón, siempre la tiene, tengo que ser yo misma, como quiera ser y no como papá desee. Well, what’s you gonna do? / What’s you gonna do now? Nos quedamos hablando como hasta las dos de la mañana con Juan David y Tania, Pacho se durmió temprano porque tenía partido y debía madrugar. Dormí como un perezoso y me quedé hasta las once de la mañana en la cama.

23 de agosto
Este sábado nos reunimos en casa de Pacho, un apartamento muy bonito. Queda en un octavo piso y es casi tan grande como una casa. Los muebles marrones son de cuero y bastante cómodos, la sala tiene adornos de muchas partes del mundo, platos, estatuitas, pinturas. Casi que me dio envidia.
También tiene una sala de juegos con varias videoconsolas y un televisor enorme, así que nos sentamos en el piso, que a diferencia del resto de la casa es en tapete y no en madera, y jugamos un buen rato.
Pacho es buen anfitrión, nos trajo torta y leche, y maíz pira mientras ponía una película. Luego nos pusimos a discutir sobre cosas varias.
Tania se recostó en las piernas de Juan David mientras le consentía el cabello, Pacho se abrió de piernas en el sillón frente a mí. Hablamos de los chicos de la escuela, de nuestros papás, de algunos libros que nos habíamos estado prestando entre todos. Bestiario, Pregúntale al polvo, La perla y otros cuentos, Filosofía en el tocador. Y precisamente hablando de este último la conversación se volvió un poco incómoda, empezamos a hablar de nuestras experiencias y de las cosas que se nos habían pasado por la cabeza al leerlo.
Pacho se paró del sillón y dijo que el libro a fin de cuentas estaba escrito casi como obra de teatro, así que sería injusto si no la interpretáramos. Los otros dos sonrieron con cierta complicidad y yo me levanté al mismo tiempo que ellos para no desentonar.
Tanía tomó las riendas de la obra y empezó a asignar papeles.
— Ok. Pacho vos serás Dolmacé. Juanda, vos sos El Caballero Mirvel. Danna, a ti te queda a la perfección el papel de Eugenia. Y yo, claramente, seré Saint-Ange.
Buscamos en los armarios algo de vestimenta y preparamos un intento de escenografía. Mientras unos se vestían, otros repasaban los diálogos para no estar leyéndolos durante la función. Al terminar todo, nos hicimos en círculo y Tania dio un paso al frente dirigiéndose a Juanda— Buenos días, hermano. Y bien, ¿el señor Dolmancé? —él hizo una pose exagerada de caballero honorable sacando el pecho al frente que nos hizo soltar una carcajada, y respondió— Llegará a las cuatro en punto y no cenaremos hasta las siete; como ves, tendremos tiempo de sobra para charlar —.
La obra habrá durado veinte minutos por mucho, porque de a pocos nos fuimos saliendo de la historia y dejamos de actuar.
Resultamos emparejados, unos sentados sobre el sillón y los otros dos estábamos recostados sobre el estante de libros. O bueno, yo estaba recostada mientras sentía pasar sus manos bajo mis axilas, entre mis costillas, en dirección a mis pechos. Fue una experiencia totalmente distinta, si bien ya había estado con dos chicos antes, esta vez experimenté sensaciones que rozaban el surrealismo. Su respiración chocaba contra mi espalda y yo me sentía como acantilado acosado por las olas. Con uno de sus pies separó los míos y metió su pierna entre mis muslos, concentrando todo calor imaginable en ese solo punto. Y, aunque sus manos aprisionaban mis senos, sentía que estaba agarrando algo más, algo que no era medible ni cuantificable, aunque mi profesor de ciencias se moleste, y al mismo tiempo no había más que dos cuerpos juntándose como partículas magnéticas, como si fuésemos protones y electrones en una danza loca.
Ahí descubrí que somos esa energía atrapada en la materia.
Frente a nosotras, estaba Juan David sentado encima de Pacho, besándolo bruscamente y perdiendo sus manos en las túnicas del disfraz de Dolmacé. Me sonrojé como nunca, pero al parecer ya estaba perdida, me costaba entender qué fantaseaba y qué me pasaba en realidad.
Los muchachos se fueron al cuarto de Pacho y nos dejaron solas. Entonces nos lanzamos al tapete y empezamos el viaje.
Sentía que tenía cuatro manos y que era toda humedad. La voz de Tania era mía, y mi respiración era toda suya— Imaginá, imaginá como si no hubiera otro momento para hacerlo, Danna. Dejate llevar no más —y eso hice, me desprendí en partículas que volaron por todo el cuarto de juegos, que se fueron por el mundo y volvieron con el pasar de los siglos. Yo era árbol y era colibrí, era horas, minutos, distancia, altura y profundidad. Algo que estaba limitado pero parecía nunca querer terminar.

Algún día de septiembre
Entiendo que papá esté molesto conmigo, pero eso no justifica que lleve más de un mes sin hacernos una llamada, y menos sin mandar un peso a la casa. La última vez que tomó esa actitud duró veinte días sin mandarme un mensaje, pero apareció un correo diciendo que había enviado un giro para pagar servicios y comida.
¿Cómo es posible que me haga esto justo ahorita, sabiendo que estamos planeando un viaje al Tairona con Tania y los muchachos? Seguro que lo hace a propósito, le encanta verme mal cuando peleamos.
Menos mal Nana tiene sus ahorros. Por eso me está dando menos mesada, dice que por si las moscas hay que hacer rendir la plata. Así que ya no estoy saliendo tanto con los muchachos a cine y esas cosas.
En el colegio todo va a tope. Me llevo bien con profesores y compañeros, mis notas son las necesarias y, por primera vez desde que empezamos a trastearnos, no he tenido problemas con nadie. Creo que todo esto se lo debo a Tania, ella me hace ver las cosas diferente. La semana pasada nos recostamos en la sala de Pacho a leernos poemas. Ella escogió uno de Breton que decía: Ma femme aux yeux de savane / Ma femme aux yeux d’eau pour boire en prison / Ma femme aux yeux de bois toujours sous la hache. Yo no he leído tanta poesía, así que traté con una canción de SerjTankian: I love you / For you are my teacher / You have taught me much / In the small presence of a millisecond / Much more than a world of physical knowledge.
Hay personas que están hechas de otra materia, de otro espacio, de otro tiempo. Por eso merecen un trato diferente, un nombre diferente. Con ellas, este mundo no basta, hay que inventarse uno nuevo. Fluir, como río que escala hacia el cielo. Para mí, eso representa ella. Y es este nuevo mundo en el que me sumerge, en el que me hace navegar y pierdo la noción de lugar y hora. Ante ella, soy ese poema que me leyó. La mujer con ojos de leña, siempre bajo el hacha.

Algún día
Era sólo cuestión de tiempo recibir la noticia: papá ha muerto. Nana está destrozada. Hoy no tengo ganas de escribir.

Todo cambia
Todos estuvieron atentísimos los primeros días. Los muchachos llegaron a mi casa con pizza, gomitas, películas, e incluso, con unas flores para Nana. Me consolaron bastante y me ayudaron a escoger el vestido para el entierro, aunque yo no quería salir a ningún sitio.
— Es que quién dijo que por ser un velorio tenía que verse horrible, mi amor. Usted se me va bien hermosa, como a su papá le hubiera gustado verla —insistió Juan David.
Terminamos comprando tres vestidos, pagados con la tarjeta de los papás de Pacho.
— Ah, eso no es nada, después arreglamos —dijo.
Esa noche Nana los dejó quedarse en la casa, Tania conmigo, Pacho y Juan en la sala. Nadie se atrevió a pedir el cuarto de papá.
Al siguiente día madrugamos y los muchachos hicieron el desayuno porque a Nana le entró un ataque de nervios terrible. Se puso tiesa y pálida, nos pegó tremendo susto. Esta vez fue ella quién necesito ser atendida.
Llegamos a eso de las nueve al sitio que ya estaba lleno de gente. Muchos eran compañeros de trabajo de papá, me di cuenta porque llevaban radioteléfonos en los cinturones, gafas, cara de puño y estaban casi todos calvos. También estaba mis profesoras de biología y artes, que fueron las únicas en acercarse a darme un abrazo.
Pero lo triste fue la llegada de papá. Todos esperábamos un ataúd abierto en donde poder verlo y darle un par de palabras de despedida. Pero extrañamente llegó un cofre del tamaño de un balón en donde se supone que ya estaban sus cenizas. Se acercó un noséquién a decirnos— Al jefe le pareció más práctico cremarlo antes de traerlo que ponerse a cargar con un cadáver por carretera —. Nana y yo nos pusimos furiosas, pero tampoco supimos con quién quejarnos, sólo quedaba resignarse y llorar las cenizas de la memoria de un cuerpo inexistente.
El día estuvo más frío que las paletas que comíamos frente a la casa.
Cuando Nana me dijo que todo cambiaba, pensé que se refería a que todo mejora, pero no, el cambio nunca es bueno o malo, es sólo cambio.
Las siguientes semanas fueron iguales. Entre más tiempo pasaba las cosas se volvían más difíciles. Los ahorros de Nana se acababan, así que cada día la comida era menos agradable y mi mesada más pequeña. Empecé a extrañar los cuidados de papá, sus mensajes, su presencia. Ya no salía con nadie por la simple falta de dinero y ganas.
Creo que ahora yo soy la anciana de la casa, ingenua, que ni sabe dónde vive o a dónde va.
Con el pasar de los días fui asimilando más la situación y por tanto me fue afectando más. Los muchachos no lo entendían y empezaron a reunirse sin mí, a dejarme sola con la excusa que les dañaba el rato. Tanía intentó hacerlos comprender mi situación, pero después de un tiempo ella dejo de entenderla también. And how have you gotten by so far / Without having a visible scar? / No one knows who you really are / They can't see. Al parecer ya había bebido toda el agua y cortado toda la leña que había en mí.

20 segundos
    Tanía, ¿por qué ya no me hablas, qué pasa? ¿Ya tomaste lo que querías de mí y ahora que estoy vacía ya no te sirvo?
    ¿Entendés lo idiota que te escuchás? ¡Despertá ya, carajo! Llevás un montón de tiempo así.
    ¿Y encima me tratas de idiota? A ver, tú que lo sabes todo, hazme despertar entonces.
    Mirá, aquí no se trata de quién sabe más o no, se trata de vivir, no de rumiar estupideces. Si te quedás estancada en un momento doloroso, que nadie ha dicho que no lo sea, es sólo culpa tuya, de nadie más. Sí, podés experimentar el dolor y sacar de él frutos tan amargos como hermosos, pero son frutos que si no masticás de inmediato se pudren en tu boca. ¿De qué te sirvió estar conmigo y que leyéramos tantas cosas juntas si no te quedó nada? “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. “No dramatices nunca, simplifica siempre”. ¿Creés que te leía cosas sólo porque eran frases bonitas? Podés leerte toda la Biblioteca Nacional, pero si ninguna de esas letras queda impregnada en tu carne, en tus venas, en tu forma de pensar, sentir y actuar, no hiciste nada, perdiste tu tiempo. ¡Santa madre de Borges! Ya no sos una niña, parcera, aceptalo. Hay que abrirle los brazos a este mundo y recibirlo tal como es, crudo, bello, sucio, inesperado, mutable. Cuando entendás eso habrás abierto tus ojos, antes no. Y eso, no lo puedo hacer por ti, Danna, lo siento. Si querés vete a llorar con tu almohada, yo tengo mis propios problemas como para estar melcochando los de los demás. Te amo, así, con una fuerza demoledora que puede crearte un universo nuevo y bello en un parpadeo, o bien puede, en veinte segundos, derrumbar mundos inconmensurables frente a tus ojos. Porque yo no quiero una niña, quiero una mujer, la mujer “con la cabellera de fuego de los bosques, con pensamientos de relámpago de calor, con su talle de reloj de arena”. Lo tomás o lo dejás, en tus manos está decidir, y las consecuencias que eso conlleva. Eso, mujer, es crecer.

Milésimas
Nunca supe qué contestarle a Tania, no sé si hay palabras suficientes. De hecho, nunca las hay. Así que desde ese día no volvimos a hablar. A Nana se le acabó el dinero, y aunque ella no quería hacerme cambiar de ciudad y vida de nuevo, fue necesario. Había que volver a Bogotá. Nuestra única opción era pedirle ayuda a mis tíos, así que alistamos maletas y de nuevo nos dirigimos al aeropuerto.
Se me hizo una eternidad esa semana. Cuando pierdes la noción de los días, ya sea por exceso de felicidad o nostalgia, pasa una cosa extraña, el tiempo se vuelve de goma mientras se expande y contrae, pero el calendario sigue tan quieto, tan rígido. Los días se tornan falacias. Pero si algo aprendí de Tania, es que hay momentos en que el tiempo y las palabras sobran.
El último día de ruta quise despedirme de ella, así que antes de bajarme la besé frente a todos. Por primera vez la vi ponerse roja y nerviosa. Por primera vez ella era la leña y yo el hacha. Pero era difícil que renunciara a su fuerza, así que me brindó una enorme bofetada en la cara.
— Ve, crecé, sé vos, y sobre todo, despertá. Nunca dejés de despertar.
Nana casi cancela el viaje al verme la cara hinchada, pensó que había sido alguno de los pelados del colegio y quería ir a poner la queja. Me constó un poco, pero al final logré convencerla de que no había sido gran cosa y que por eso no perderíamos el viaje. Este será el tercer cambio de ciudad y el cuarto de colegio en dos años. La bofetada fue lo de menos.

Instante
Think about this carefully / You might not get another chance to speak freely / Oh, freely. Esa canción la conozco. La ruta se detiene. Creo que hemos llegado.
May be when you're old enough... Hoy se cumplen cinco años de la partida de Medellín y hace ya una semana que Nana se murió. Lo de mis tíos nunca funcionó. Cuando supieron que papá y su plata ya no estaban nos dieron la espalda. Ella se consiguió la forma de seguirme cuidando, pero ahora ya no estoy bajo su manto, ya no más.
May be when you're old enough... Abren la puerta de la van, guardo mis audífonos y al poner el primer pie en el suelo, se me viene a la cabeza la frase, “El camino está siempre bajo los pies”. Ni ella, ni papá, ni nadie más. ¿Qué sería de los muchachos, de Tania? Ya no siento ganas de llorar.
May be when you're old enough… Mis compañeros se giran al ver que no me he movido de la puerta. ¿Medellín? ¿El Tairona? ¿Europa? ¿Vietnam? Tal vez el golpe tardó en llegar.
— Danna, vamos, ya está bastante tarde y nos van a regañar.
— Linda, ¿segura que estás bien? Si te sientes mal no tienes que venir a trabajar, yo le puedo explicar al jefe.
You’re not free… Le pongo la cara al sol y termino de abrir los ojos. La mañana huele a pino y asfalto mojado. You’re not free…
— Que se jodan —suelto en voz baja.
— ¿Qué dices, querida?
— ¡Que-se-jo-dan! Ya no más.
Doy media vuelta, me zafo la chaqueta y echo a andar.



6 jul. 2016

Olas de indiferencia (3 poemas en 1)




La gente que se me acerca se quema
como plástico o gasolina
Y no sé si las cosas se me caen o
soy yo quien cae de ellas
Es este vacío que mis ojos habita
cada que el mar me inunda
Cuando nado en olas de indiferencia




27 jun. 2016

Nos han engañado


Si no contamos lo que habré hecho esta madrugada antes de lograr conciliar el sueño a las cuatro de la mañana, lo primero que hice el día de mi cumpleaños número veintitrés fue cepillarme los dientes hasta hacer sangrar mis encías, para después de escupir esa mezcla de saliva roja en el lavamanos, levantar la cabeza y mirarme al espejo. Al abrir un poco la boca noté que se asomaban tres incisivos, los dos centrales y el pequeño de la derecha. De alguna manera había desaparecido el otro. Extendí un poco la sonrisa y ahí estaba, desplazado ligeramente hacia el lado izquierdo como todos los otros, empujados por la línea antes recta y ahora diagonal que dividía ambos lados. Y en ese momento lo entendí: nos han timado.
Y esto es indudable, nos han engañado, nos prometieron que si nos practicábamos la ortodoncia tendríamos hermosas arquitecturas en la boca que mostrar a los demás, pero no nos advirtieron que nuestras sonrisas durarían intactas menos días de lo esperado; nos dijeron que si estudiábamos una docena de años en el colegio y otra media en la universidad seríamos mejores personas, pero solo nos sumergieron en la práctica profesional de la zancadilla; nos aseguraron que el mundo iba a ser nuestro, pero ahora nos obligan a ganarnos la vida como si no fuera algo que ya nos pertenece. Éramos la generación que curaría al mundo, los chicos que abrirían el nuevo milenio, los niños índigo, la inocencia hecha carne, y teníamos toda la esperanza depositada en aquellas mentiras. Pero ahora vivimos haciendo honor a la especie, multiplicando la violencia y la estupidez a pulso de mediocridad, indiferencia y falta de ambición, sucumbiendo al mundo que ustedes nos entregaron. Estamos corriendo con frenesí en un círculo muerto, pensando que ya es tarde para intentar otra cosa y preferimos seguir haciéndonos daño con la nostalgia por lo que no está. Es como si nuestra generación estuviera en una carrera por ver quién obtiene cicatrices primero, y por eso andamos todos tan cansados. No es tan difícil de entenderlo. No son solo mis encías las que sangran y no son mis dientes lo único que se han torcido.
Sí, nos han engañado, pero no quisiera creer que todo se acaba aquí, en el sifón de mi lavamanos. Escupo de nuevo y pienso, ¿qué hacer cuando te han mentido tanto? No todo depende de las promesas hechas, no es necesario perecer si es que el mundo alrededor nuestro está cada vez más podrido. Basta con hundir un poco más nuestras manos en la tierra y erigir uno mejor, con los dedos, con las uñas, con ganas de no ser nada de lo que nos prometieron, sino todo aquello que alguna vez hemos deseado. Bebo agua de la llave y me lavo el rostro, vuelvo a mirar al espejo luego de secarme con la toalla y pienso que tal vez aún no estoy tan viejo para todo esto. 


20 jun. 2016

Escapar


Escapar,
Escapar bien lejos,
Escapar sin culpa, sin tiquete.
Como quién está llegando,
Como una ola que regresa,
Como rayo que se desvanece.

Escapar sin dudar, sin lamentar, sin recriminarse.
Escapar del tráfico, los periódicos, los almacenes.
Escapar hacia el sol, como Ícaro, con las alas abiertas,
Para por fin flotar sobre este mar de incertidumbres.

Dormir, bajo la soledad hecha luna,
Y las ideas de luz de estrellas,
Frente a una hoguera que no se quiere apagar.

Abrir rumbo hacia la nada,
Donde las jaulas no me alcancen,
Donde no haya impuestos de guerra,
Donde no exista el servicio militar.

Renunciar al fracaso,
A la patria,
A la humanidad.  

Hacer la maleta,
Aunque no tenga cosas que llevar.
Abrirse paso a ritmo de machete
Y correr, volar, pedalear.

Escapar de todo,
De los demás,
De sí mismo,
De lo que haga falta.

Escapar de todo lo que no escapa de acá,
Allá, lejos, donde no lo encuentre a uno,
Ni dios, ni la virgen, ni el diablo, ni la muerte. 

5 jun. 2016

Con los pies fríos



A veces en la vida es bueno sentarse a pensar qué tan jodido estás. Y puede que algún día te pongas a pensarlo y tengas que darle la razón a Schopenhauer, resultaste ser un maldito erizo.
Te das cuenta que empiezan a tomar valor cosas que antes considerabas absurdas. Que ni tú mismo te crees tus sermones de poeta solitario y corazón nómada, porque cuando menos te das cuenta ya has unido las ramas en forma de nido bajo el árbol. Ahora empiezas a extrañar con los pies fríos, allí, en el abismo temporal de tu cama a las dos treinta de la madrugada.
Notas que el apetito se divide en dos y la sed se multiplica el doble. Empiezas a querer unas manos sudadas, una sonrisa bajo unas ojeras enormes, el caótico cabello de las nueve de la mañana. Añorar el leer juntos al borde de la cama, el intentar descifrar lo que ocultan las palabras, el perder el hilo de la lectura entre besos. Un suspiro retumbando en tus oídos. Una voz ajena filtrándose entre los huesos. Entender que las palabras sobran. Abrir la boca y soltar un Nos quiero. Volverse adicto a la melancolía del mundo y extrañarlo todo. Es entender que en este punto, ya estás jodido.
¿Sabes por qué? Porque cuando te digo Nos quiero me refiero a que no sólo te quiero a ti, a tu personalidad, a tu cuerpo, tu alegría, tu torpeza, tus ojeras, tus cosas bellas y feas. No quiero como un ejercicio de entrega unilateral o bidireccional, sino como un círculo, un punto, como un todo. Como un querer que no entiende de direcciones. Quiero bastante la compañía de lo que tú implicas y lo que yo implico, juntos. Quiero ese conjunto, ese ir de la mano por la calle. Quiero el abrazo, quiero al beso. Quiero a las sonrisas acompañadas, a la palabra respondida, al interés mutuo. No te quiero a ti por separado de mí. No me gustaría querer tu lejanía y ya no me agrada querer mi soledad separada de la tuya, aunque sé que algún día tendrá que serlo. En fin, Nos quiero.
Y me preocupa, porque entiendo que esas no son cosas para mí. Lo mío debería ser indiferente, escribir cuentos de desamor, pasar los días adicto al amor a sí mismo. Porque así lo dicta nuestro tiempo, pero aquí me tienes frente a ti, ahora extraño con los pies fríos, ahora quiero con los pies fríos, ahora amó el calor de la compañía. Ser vulnerable ya no es un sinónimo de debilidad, sino un síntoma del amor que me enseñaste a sentir. Estar jodido, felizmente jodido.
Entonces pienso que todo esto está mal. Vamos a terminar haciéndonos daño como los animales de la metáfora, enterrando nuestras lanzas a medida que nos acercamos. Vamos a explotar. Pero eso al final ya no importa, porque aunque Hobbes insista en que el hombre es un lobo para el hombre y esa indiscutible ley aplique también para quienes se aman, resulta inútil vivir escapando de los otros lobos, de los otros erizos, de los humanos, porque por más que huyas alguien te va a  terminar engullendo o atravesando, el lío es encontrar con quién. No pensar en el dolor potencial, disfrutar las sensaciones latentes. Que me quemes las manos, pero que valga la pena. Entender que estar jodido no siempre está mal.
Por eso, que el destino se muerda los codos si nos quiere arrebatar, porque me importa un carajo lo que nos tenga deparado. No importa lo que venga mañana y menos lo que haya detrás. Lo nuestro es hoy. Recuerda que el único camino está, siempre, bajo nuestros pies, y allí donde busques estará mi mano para atravesarlo. Lo demás, poco importa.   


Bogotá, junio de 2014

18 abr. 2016

¿Ahora qué harás?


Entonces, cuéntame, ¿ahora qué harás?
¿Te sentarás en tu puesto de oficina a esperar
que tu trasero desaparezca junto a tus sueños
mientras acumulas kilos y kilos de grasa y desesperación?
¿O acaso te vestirás de gala para aplastar las ganas
de alguien más que amenaza con ser mejor que tú
en esta frenética carrera por ganar más y más crédito bancario?

Veo tus ojos y pienso en una llama
que se deja apagar a placer
por la lluvia.
El vestigio de algo que solía quemar
pero ahora ha renunciado
a ejercer su rol como luz
y calor.

¿Qué será de aquella furia lozana por consumar al mundo,
esas ganas de besar una bomba atómica,
de follarse una galaxia en llamas,
de preñar el universo?
¿Qué será de ti que tanto te olvidas,
pequeño futuro incierto?
¿Cuándo te apagarás?

Veo tus ojos de flamas y me entristece verte allí,
enterrado, ahogado, fingiendo ser inerte,
como si fueras uno más de ellos,
porque estoy convencido que
no es donde deberías estar.
¿No lo crees tú?

Entonces, cuéntame, ¿ahora qué harás?